Mi horno piensa

Alma, la esposa del cineasta Alfred Hitchcock, era una gran cocinera, como dejaba bien patente la oronda figura de su marido. En una ocasión comentó que su esposo, célebre por angustiar a millones de espectadores en la pantalla, era en su vida privada enormemente aprensivo: tanto, que la obligó a comprar un horno con puerta de cristal. El motivo era que no soportaba el suspense de no poder seguir con la vista el proceso de cocción: cuando su esposa metía un souffle temblaba de tensión por no saber si verdaderamente se estaba hinchando como debía.

Han pasado algunos años desde entonces, y ni Hitchcock ni su mujer están ya entre nosotros; de seguir vivos, es muy posible que se hubieran sorprendido de conocer que las nuevas funciones de los hornos inteligentes consiguen anular cualquier elemento de suspense que se pueda producir durante el cocinado. Los avances en su tecnología van más allá de la puerta de cristal –elemento al que, por lo demás, nadie discute su utilidad: ¿a quién no le gusta ver lo que se está cociendo?– y hoy en día, sobre todo en los modelos destinados al sector industrial, el software es parte integrante de sus funciones, no sólo en sí mismo, sino incluso para interactuar con el PC. Es imposible que fallen al preparar un plato: tienen la receta integrada con precisión en la memoria.

Los establecimientos hosteleros se enfrentan a la tarea de cocinar una carta de platos que en su mayor parte se mantiene casi idéntica día tras día. Si el proceso de cocción no varía de una jornada a otra, consultar o introducir todos los pasos de la receta cada vez que se vaya a preparar supone una pérdida de tiempo que los profesionales del sector no se pueden permitir. Por eso la función de almacenamiento en memoria es tan útil para ellos. Y por eso valoran especialmente funciones como la de la interacción entre horno y PC, que permite guardar copias de seguridad del recetario e introducir en la memoria del horno recetas nuevas, o variaciones en las ya existentes, a través de su puerto USB. Y por supuesto, intercambiar las recetas con otros hornos, cocinar cada bandeja con unos parámetros diferentes sin mezclar sabores, programar el horno para que cocine o para que se limpie a una hora y un día determinado a la semana, etc.

¿Tendría la señora Hitchcock que haber aprendido informática para poder manejar un horno de hoy? En absoluto; estas nuevas funciones se controlan gracias a pantallas táctiles intuitivas y sencillas y, en los modelos avanzados, incluso con mandos a distancia que no sólo hacen posible el control de la cocción, sino que también informan sobre el tiempo, la temperatura y el programa de cocinado que se esté utilizando en cada momento.

Queda, pues, poco espacio para el suspense y mucho para la imaginación. Alfred Hitchcock habría disfrutado como el gran gourmand que era de cualquier plato cocinado por los hornos más modernos del sector industrial… pero también es posible que su mente tortuosa pensara en otros posibles usos. A fin de cuentas, ¡utilizó precisamente un horno para matar a un personaje en Cortina Rasgada!.

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  1. La verdad, es que estamos seguros que a Alma y Alfred, les hubiera gustado conocer este magnífico horno, ya que nosotros que si hemos teneido la ocasión de hacerlo, disfrutamos al ver su funcionamiento, y la calidad.

    Un abrazo.

    Ana y Víctor.

  2. Ana, Víctor, es un gustazo teneros por aquí, de verdad… Y sí, desde luego que el horno es increíble, y eso que en la demo no se vio todo lo que puede hacer en cuanto a programación con el ordenador y demás 😀

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